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jueves, 31 de julio de 2014

SER es más que TENER (parte 2)


A partir de los resultados observados en los últimos años en los países desarrollados: contaminación (China especialmente), altos niveles de paro, trabajadores quemados (síndrome del burning out) que se manifiesta con los altos niveles sociales de estrés y consecuencias asociadas: depresión, baja laboral, absentismo, etc.  Aparece una nueva generación que ya ha visto y padecido en sus carnes los resultados del modelo económico anterior y no está dispuesta a seguir creyendo que el modelo vaya a aportar, en el futuro, resultados maravillosos de prosperidad económica, paz social, crecimiento real etc.

Por el contrario, emerge un nuevo paradigma, una nueva mentalidad, que reacciona rechazando el status quo vigente que sólo causa incertidumbre, ansiedad, falta de seguridad, corrupción, frustración, injusticias, desprecio de las personas y devastación de los recursos (naturales, ecológicos, climáticos, humanos, etc.)

Se ensalza ahora el valor de cada ser humano, el cultivo y desarrollo de su exterioridad y de su interioridad; de sus cualidades corporales (belleza, salud, alimentación, deporte, etc.), pero también de sus facultades internas (respeto a sus convicciones religiosas, espirituales, políticas, sexuales, etc.; la imaginación, la creatividad, la libertad personal y social, el respeto a los derechos humanos, la conectividad y la comunicación libre entre individuos mediante las redes sociales, sin pasar por el filtro que supone recibir la información a través de la clase política o económica tradicionales, que buscan más sus propios intereses de grupo que el interés general).

En los países más avanzados, y entre los ciudadanos mejor informados y cultos emerge esta sensibilidad postmaterialista, contraria al hiperconsumo y a la hiperproducción, que rechaza la competitividad que sólo busca arruinar a los demás para ganar yo. Prefieren el modelo “yo gano-tu ganas” (“win-win”), interesarse por la cultura, por el respeto a los otros pueblos, países, personas, etc.;  valorar la diversidad y la riqueza de matices (cultivos tradicionales frente a los clones genéticos que se cultivan a nivel planetario por unas multinacionales que se pueden contar con los dedos de una mano); valorar el medio ambiente, cuidar el patrimonio histórico, cultual y artístico.

La generación postcapitalista ha constatado que, aunque es cierto que hay productos y servicios que son totalmente necesarios e imprescindibles para el individuo y para la sociedad,  la cultura del tener no colma los deseos de felicidad del ser humano. El hombre “es” y el hombre “tiene”, pero tener mucho y mucho y mucho… no ahoga las demandas íntimas del ser humano que busca realzar se como persona y como colectividad social. El bienestar material ha de quedar garantizado a niveles razonables, pero no se puede pretender (se ha demostrado ya que es falso) que la cultura del tener aporte la felicidad verdadera. Esta sólo se vislumbra en el camino que transita por ver lo que uno está llamado a ser, su “vocación”, cuando puede compartir con otros seres humanos lo que está latente en su naturaleza: ser generoso, compartir, hacer un trabajo de calidad, desarrollarse como persona y como profesional, etc.

El cambio de orientación ya está en marcha. Es una revolución compleja que pasa a través de la cultura, los valores sociales, la tecnología (la “comunicación en red”, las tabletas, los smartphones, wikipedia, etc…). Se está relativizando lo material y volviéndolo a poner en su justo lugar, después de 300 años de aventura social regida por los postulados del capitalismo. Se subraya el poder de lo intangible y de la creatividad. Desde la cultura del ser, el capital espiritual más valioso son sus ciudadanos y ciudadanas, su potencial para innovar, su capacidad para lograr un crecimiento sostenible, justo y que tiene al hombre y a los derechos humanos como valor principal. El trabajo es para el hombre y no el hombre para el trabajo.

La cultura del ser sigue avanzando en la sociedad postcapitalista y pronto retomará el poder político y económico como ya lo tuvo en otras épocas históricas.

miércoles, 23 de julio de 2014

SER es más que TENER (parte 1)



La cultura del poseer cosas provoca: insatisfacción constante (“siempre hay algo que aún no poseo”), exclusión, injusticia social y odio. Ante este fenómeno, está desarrollándose una nueva mentalidad, entre las generaciones más jóvenes, que podemos denominar “generación postcapitalista” y que tiene como principales características:

1) Valoración de la sociedad por la calidad y competencias de los ciudadanos que la forman

2) Valoración de la sociedad por la calidad de vida y no por el PIB o la renta per cápita, que ocultan desigualdades e injusticias sociales: contaminación ambiental desmesurada (China es un buen ejemplo); según la Renta per cápita: si yo me como un pollo y tu no comes nada, hemos comido medio pollo cada uno (“per cápita”), lo cual es bastante discutible,…

3) Importancia de usar los recursos de forma sostenible y respetuosa.

4) La felicidad radica en la donación de sí mismo, con sentido, comprometiéndose en proyectos justos y razonables

En una sociedad donde la utilidad inmediata es el valor supremo, donde todo se convierte en objeto de consumo y/o de venta utilitarista, se causa, paradójicamente, más infelicidad entre sus ciudadanos: cuanto más se tiene, más se quiere. Esto, en lugar de liberar, es una forma sofisticada de esclavitud, que hace a los hombres infelices: consumo de drogas, hiperconsumo de bienes y servicios (consumir más de lo razonable)… En definitiva, cuanto más se consume, más dependiente se es (préstamos personales, hipotecas, etc.), pudiendo causar una verdadera obsesión por el consumo, con consecuencias graves para la economía personal o familiar.

Es evidente que la persona, para poder vivir y desarrollar su proyecto vital, necesita consumir bienes y servicios, pero la persona no está hecha para consumir.

El consumo necesario es uno de los requisitos básicos del hombre, pero no es “El requisito”.

Más allá (o cómo mínimo en paralelo) del Homo consumens está el Homo ludens, el Homo sapiens, el Homo ciutadanus, el Homo científicus, y un sinfín de Homos.

Si la sociedad se fundamenta en el valor supremo del rendimiento-utilidad; y (la otra cara de la moneda, o consecuencia) la explotación-consumo, aparece en el horizonte la consecuencia que ya podemos palpar con creces: la fatiga, la desgana, la sociedad cansada de sí misma, la desconfianza entre los ciudadanos, la soledad profunda,…

La cultura del ser invita a ver a la persona en el centro de la sociedad. “No está hecho el hombre para el trabajo, sino el trabajo para el hombre”. Lo que hace valiosa a una persona no es su poder económico o su consumo, sino su naturaleza, su unicidad, su valor intrínseco, su capacidad para hace r el bien, su libertad,…

La cultura del ser invita a descubrir el talento oculto de cada persona, a proponerla que pueda dar lo mejor de sí misma a la sociedad; la cual, a su vez, le “devolverá” con la misma moneda, pues la forman ciudadanos y ciudadanas responsables y solidarios como ella misma.

lunes, 14 de julio de 2014

10 Ways of thinking of succesful people





YOU can adopt in your life certain procedures that have been used by many successful people all over the world.

These procedures don’t have any relation with education, formal titles, social status, professional experience or other complex labels.

Fortunately, the habits of successful people are very simple. They are mainly related to emotional and social skills that you must know and use in your life.

YOU can now log on these tips. In this 3 minutes’ video you can see the 10 main tips that use successful people in detail.

Enjoy & grow-up!


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